Recientemente surgió una controversia en Colombia por el desplante que le hizo James Rodríguez a la hija del presidente Petro.
Las redes sociales estallaron en medio de un ambiente político polarizado en plena contienda electoral para elegir al próximo presidente de los colombianos.
Los ultraderechistas defienden a capa y espada a James mientras la izquierda ataca la actitud arrogante de James y compañía.
Y es que no solo fue el desplante de James sino la actitud de la mayoría de los jugadores que tal vez no comulgan con el presidente Petro y se inclinan hacia la ultraderecha.
Más allá de la ideología política, la Selección nos debería unir pero la postura de jugadores como James, Lucho Díaz y compañía no ayuda mucho a moderar el ambiente.
Pero como diría Valdano, se juega como se vive y una sociedad en la que muchos tienen la cultura traqueta del dinero fácil, de los nuevos ricos, de los levantados, la Selección no podía ser ajena a esa Colombia que está ahí y que está encarnada en gran parte del país.
Lucho Díaz o Yerry Mina, por ejemplo, vienen de una familia humilde con pocas oportunidades, en un ambiente hostil pero lavirgen se les apareció y pasaron de ser un par de personas pobres sumergidas en un mar de injusticia social a ser nuevos ricos.
Irónicamente en medio de la opulencia en la que viven ya se olvidaron de donde vienen y dan espalda a los suyos y eso se refleja en su postura política.
Apoyan a una ultraderecha que históricamente ha oprimido alos de su clase y le hacen el feo a Petro, un presidente que aboga por la justicia social y la igualdad.
